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El cerebro exige naturaleza para repararse del agotamiento digital

Según el estudio “Your brain on nature”, publicado en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews, la naturaleza no es un lujo estético sino una necesidad biológica. La investigación confirma que el contacto con el aire libre activa una «cascada restaurativa» que cambia nuestra actividad cerebral de forma medible.

Un estudio analizó la evidencia de más de 100 investigaciones internacionales de neuroimagen y reveló por qué el contacto real con entornos con la naturaleza activa mecanismos de restauración cerebral que las pantallas no pueden replicar.

En plena temporada de vacaciones, muchos intentan descansar sin lograrlo realmente. La razón podría ser biológica: el cerebro humano no está diseñado para el “descanso digital”. Un nuevo paper titulado “Your brain on nature”, publicado en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews, entrega la evidencia más contundente hasta la fecha: la naturaleza no es un lujo estético, sino una necesidad fisiológica para la salud mental.

La investigación, liderada por Constanza Baquedano, neurocientífica de la Escuela Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez, sistematizó los hallazgos de 108 estudios experimentales de todo el mundo. Al analizar datos de escáneres cerebrales (EEG, fMRI), la conclusión es clara: la exposición a la naturaleza gatilla una “cascada restaurativa” que cambia mediblemente la actividad cerebral.

El estudio detalla qué ocurre exactamente dentro de nuestra cabeza cuando dejamos la ciudad y nos exponemos a la naturaleza:

Apagón del estrés (La amígdala se calma): la vida urbana mantiene activa la amígdala y circuitos ligados al estrés. La naturaleza reduce agudamente esta actividad, disminuyendo además la rumiación mental (esa voz interna que repite preocupaciones).

Meditación sin esfuerzo (Ondas alfa): al mirar paisajes naturales, el cerebro aumenta las ondas Alfa y Theta. El estudio explica que la naturaleza actúa como un “regulador espontáneo”, llevando al cerebro a un estado de alerta relajada muy similar al de la meditación, pero sin requerir esfuerzo consciente.

Recarga de batería atencional: las pantallas agotan nuestra “atención dirigida”. La naturaleza, gracias a sus patrones visuales, activa la “atención sin esfuerzo”, permitiendo que los circuitos cognitivos fatigados se recuperen.

En un mundo cada vez más digital, el estudio lanza una advertencia científica importante: ver naturaleza por una pantalla no sirve igual.

Aunque la realidad virtual ayuda, la revisión de la evidencia muestra que la naturaleza real -con su imprevisibilidad y riqueza multisensorial (olores, sonidos, texturas)- genera efectos de restauración más fuertes y consistentes que las simulaciones. El cerebro necesita la experiencia completa para activar profundamente sus mecanismos de reparación. “Estos resultados resaltan el rol potencial de los entornos naturales para promover la salud mental“, señala el documento.

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