“Me dejé sorprender por la vida”: Diego Detona, el artista concordiense que emocionó en la televisión nacional
Entre canciones, teatro, películas y escenarios, el concordiense Diego Detona —conocido artísticamente como “Elda”— atraviesa uno de los momentos más movilizantes de su carrera. Luego de su reciente participación en un reality nacional, donde logró avanzar a una segunda instancia, el artista habló sobre el vértigo de exponerse frente a millones de personas, sus inicios en Concordia, el arte como refugio emocional y esta nueva etapa que hoy lo encuentra viviendo en Buenos Aires, rodeado de proyectos, música y nuevas oportunidades.
“Tuve que entrenarme para disfrutarlo y no sufrirlo”, confesó sobre su paso por la televisión, en una charla tan íntima como honesta, donde también dejó ver la sensibilidad detrás del personaje artístico. Desde hace años, Diego construye un recorrido ligado a las artes escénicas y la música. Bajo el nombre artístico de “Elda”, el concordiense se convirtió en una figura reconocida dentro del circuito cultural local, participando como cantante, actor, productor y docente.
Sin embargo, su reciente aparición en un reality nacional terminó de ponerlo frente a un público mucho más amplio, exponiéndose a una experiencia tan intensa como inesperada: “Yo siempre tuve cierto resquemor con los realities”, admitió entre risas. Según contó, durante años muchas personas le insistían con que se presentara a programas televisivos, pero él evitaba hacerlo por miedo a la sobreexposición. “Me aterraba la idea de que todo un país te vea triunfar, o fracasar. Porque el arte es muy sutil, y cualquier pequeño detalle puede salir distinto a lo que imaginabas”.
Aun así, cuando finalmente llegó la convocatoria, decidió enfrentar sus propios temores desde otro lugar. “Una semana antes empecé como a entrenarme mentalmente. Me repetía todo el tiempo: ‘Lo tengo que pasar bien’. Porque si iba pensando en hacerlo perfecto, me iba a bloquear”. Y esa decisión terminó marcando toda la experiencia.
“Ahí entendí que realmente había ocupado ese lugar” : la emoción inesperada detrás de cámaras
Aunque antes descreía un poco de la intensidad emocional que se veía en televisión, Diego terminó atravesando algo similar una vez que estuvo ahí. Las luces, las cámaras, el aplauso constante y la presión del momento lo desbordaron emocionalmente. “Yo decía desde mi casa: ‘Seguro está todo armado’. Y cuando estuve ahí entendí que no. Todo se vuelve tan intenso que es imposible no emocionarte”. Lejos de encerrarse en los nervios, encontró contención en los demás participantes y terminó ocupando, casi sin darse cuenta, un rol muy particular dentro del grupo. “Muchos eran muchísimo más chicos que yo y terminé siendo medio una mamá pollito”, contó divertido. “Después varios me escribieron agradeciéndome por el aguante y ahí entendí que realmente había ocupado ese lugar”.
Sin embargo, mucho antes de los realities y los escenarios televisivos, el vínculo de Diego con el arte había comenzado de una manera mucho más pequeña y silenciosa. Su primer acercamiento a la música fue en Concordia, cuando tenía apenas seis o siete años y tomó clases de piano con la reconocida coreuta Roxana Tavella. “Creo que ella sembró en mí la semillita del arte”, recordó.
Más adelante se mudó a Rosario para estudiar Letras, aunque rápidamente entendió que lo suyo iba por otro lado. “La carrera era medio una pantalla”, reconoció entre risas. “Yo ya sabía que quería hacer teatro”. Allí comenzó su formación en comedia musical y, poco tiempo después, ganó una beca para estudiar en Buenos Aires, en la Fundación Julio Bocca. Tras completar su formación, volvió a Concordia, donde desarrolló gran parte de su carrera artística durante más de una década. Dio clases de música y canto, produjo espectáculos, actuó en obras teatrales y participó en películas como La sombra del gallo y Elda y los monstruos, una producción híbrida entre ficción y documental que protagonizó y musicalizó junto al director Nicolás Herzog: “La música de esa película fue hecha íntegramente en Concordia”, destacó con orgullo. “Fue un trabajo muy intenso, muy personal y muy hermoso”.
Un artista que aprendió a soltar la presión del éxito
Hace dos años, Diego decidió instalarse definitivamente en Buenos Aires para acompañar el recorrido de festivales de Elda y los monstruos. Lo que en principio parecía algo temporal terminó convirtiéndose en una nueva etapa de vida. Actualmente trabaja dando clases, organizando espectáculos y formando parte de espacios culturales importantes de la capital.
Pero más allá de los proyectos y la exposición reciente, lo que más sorprende al escucharlo es la tranquilidad con la que habla del presente. A diferencia de otros momentos de su vida, asegura que hoy ya no siente la presión constante por “tener éxito”: “Durante mucho tiempo sentí que tenía que cumplir con ciertas expectativas. Estar en la tele, hacer películas, demostrar cosas. Y hace unos años solté todo eso”, reflexionó. “Ahora estoy en un momento donde me dejo sorprender por la vida”.
Esa manera de mirar las cosas también atraviesa su forma de enseñar. En sus clases de canto, por ejemplo, entiende la voz como algo profundamente emocional. “Trabajar la voz es trabajar con las emociones”, explicó. “Muchas veces liberar la voz también implica liberar cosas que estuvieron guardadas durante años”.
Hoy, entre nuevos proyectos, audiciones y escenarios, Diego transita un presente mucho más sereno, aunque igual de artístico. “Estoy muy enamorado, muy feliz, y simplemente dejándome llevar”, resumió. Y quizás ahí esté la verdadera clave de todo su recorrido: haber entendido que, a veces, el arte más sincero aparece justamente cuando uno deja de correr detrás de la perfección.
Fuente: Despertar Entrerriano.


