INTERÉS GENERAL

“La idea es que la biblioteca Popular vuelva a ser un punto de encuentro cultural”: lanzan cursos pagos para sostener su recuperación

En medio de un proceso de recuperación edilicia tras años de abandono, la Biblioteca Popular Olegario Víctor Andrade lanzó tres cursos arancelados como estrategia para generar ingresos y continuar las obras. La propuesta no solo busca formar a la comunidad, sino también reactivar un espacio histórico que empieza a recuperar sectores clave como el primer piso. Por esta razón, Despertar Entrerriano dialogó con su presidente Juan Meneguín, y con Alejandro Becker, uno de los tres disertantes, para conocer en detalle cómo se articula esta iniciativa con la puesta en valor del edificio.

Un edificio en reconstrucción y una decisión necesaria

Fundada en el siglo XIX y con un edificio que data de la década del 20, atravesó en los últimos años un proceso de deterioro profundo que puso en riesgo tanto su estructura como su función cultural. Hoy, con una nueva comisión al frente, el desafío es claro: reconstruir, sostener y volver a abrir sus puertas con movimiento.

En ese contexto, la decisión de lanzar cursos arancelados no aparece como un detalle menor, sino como una estrategia concreta para sostener ese proceso. “Los cursos que estamos organizando apuntan justamente a eso, a generar un pequeño ingreso que nos permita seguir avanzando con las mejoras del edificio, que tiene problemas estructurales importantes”, explicó: “Después de muchos años de abandono, encontramos una estructura con rajaduras importantes, pisos dañados, problemas eléctricos y un deterioro general que casi termina con este patrimonio. Por eso, los cursos que estamos organizando son arancelados, porque necesitamos recursos para sostener la reconstrucción y seguir recuperando espacios”, explicó.

En esa misma línea, remarcó el objetivo de fondo: “No es solo mantener una biblioteca, es sostener un centro cultural vivo, con actividades, con gente, con movimiento. Si no generamos eso, el edificio se vuelve a apagar”.

Tres cursos para aprender… y sostener el espacio

Lejos de quedarse en el diagnóstico, la biblioteca comenzó a activar el espacio. Y ahí es donde aparecen los cursos como una herramienta doble: formación y financiamiento. Las propuestas arrancan en abril y están pensadas en distintas áreas, pero con una lógica común: grupos reducidos, trabajo cercano y una experiencia más personalizada: “Los cursos que arrancamos ahora en abril son tres, pensados como una primera etapa de actividades culturales que nos permitan también generar ingresos”, detalló Meneguín, al tiempo que explicó que los cupos serán reducidos, de no más de 15 personas, debido a las condiciones actuales del edificio.

Ahora bien, uno de ellos es el de introducción al latín clásico, a cargo de Alejandro Becker: “la propuesta apunta a recuperar una lengua fundamental para comprender gran parte de la cultura occidental. “No estamos hablando del latín de uso eclesiástico o medieval, sino del latín clásico, el de los grandes autores, el que dio origen a nuestras lenguas”, explicó, destacando que el enfoque no será meramente técnico, sino también cultural. La idea es que los participantes puedan acercarse a los textos, a su estructura y a su contexto histórico, entendiendo cómo ese lenguaje sigue presente hoy en la forma en que pensamos, escribimos y nos expresamos.

A su vez, valoró especialmente el sentido colectivo de la iniciativa: “Participar del curso también es una forma de colaborar con la recuperación de la biblioteca, de acompañar este proceso y ser parte de que el espacio vuelva a tener vida”, señaló, poniendo en primer plano el vínculo entre la formación y el sostenimiento del lugar.

Otra de las propuestas, está vinculada a la música: “El curso sobre canción romántica en el folklore argentino y latinoamericano está pensado para quienes estudian música o composición, para trabajar la escritura desde la canción, que tiene una lógica distinta a la poesía”, señaló sobre la propuesta que dictará Federico Maidana. El tercer curso abordará el pensamiento latinoamericano desde la obra de Rodolfo Kusch, con cuatro encuentros a cargo de Mauricio Miel. “Es una propuesta que busca revalorizar el pensamiento americano, entender nuestras raíces desde una mirada filosófica y antropológica”.

Agregó: “Son cursos accesibles y necesarios. El costo de cada uno es de $40.000 mensuales. Hubo un debate interno sobre si debían ser gratuitos o no, pero entendimos que hoy necesitamos esos recursos para sostener todo lo que implica mantener este lugar en pie”, señalaron, dejando en claro que el objetivo no es lucrativo, sino de subsistencia y proyección.

Este movimiento también se refleja en el propio edificio. Uno de los avances más visibles es la recuperación del primer piso, un sector que estuvo durante años en desuso y que ahora comienza a transformarse en aulas para estas actividades. La reapertura de ese espacio no solo amplía la capacidad de la biblioteca, sino que simboliza algo más profundo: la vuelta a la vida de un lugar que había quedado prácticamente apagado: “Estamos reabriendo sectores que estaban completamente abandonados, como el primer piso, donde ahora estamos armando aulas para dictar estos cursos. Es una forma concreta de devolverle vida al edificio”, sostuvo.

A la par, se fueron ampliando los horarios de atención, sumando franjas por la mañana además de la tradicional apertura por la tarde. Todo esto con un esfuerzo sostenido, incluso en lo económico, ya que el pago del personal depende actualmente de los propios recursos que genera la institución. Además, destacó que el funcionamiento se va ampliando progresivamente: “Hoy estamos abriendo por la tarde y también sumamos horarios por la mañana. A medida que podamos sostener económicamente a los bibliotecarios, vamos a seguir ampliando”.

En el cierre, Meneguín dejó en claro que el desafío va más allá de lo edilicio: “Nosotros vamos a desaparecer en algún momento, pero este lugar tiene que quedar. Y tiene que quedar con gente que lo habite, que lo use, que lo defienda”. Agregó: “Estos cursos son una excusa, en realidad. La verdadera intención es que la biblioteca vuelva a ser un punto de encuentro cultural en Concordia, que la gente se acerque, participe y entienda que este patrimonio también es suyo”, concluyó.

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