Insólito y fuera de tiempo: un vecino de Concordia y su perro fueron desalojados de la peatonal
Un hecho que generó sorpresa, incomodidad y debate se registró en plena peatonal de Concordia, cuando un vecino que se encontraba sentado tomando mates, junto a su bicicleta y su perro, fue obligado a retirarse del lugar por disposición de una ordenanza municipal vigente desde hace más de tres décadas.
el hombre fue abordado por una funcionaria municipal, acompañada por un efectivo policial, quienes le informaron que debía abandonar el sector por no estar permitido permanecer en la peatonal con una bicicleta ni circular con animales. La situación derivó en la resistencia del vecino, que no comprendía el motivo de la medida, generándose un momento incómodo en pleno horario comercial y a la vista de vecinos y transeúntes.
El procedimiento se sustentó en la Ordenanza N° 34.791, promulgada en el año 1992, una normativa que, si bien continúa vigente, resulta claramente obsoleta y desfasada respecto de las prácticas sociales actuales. En ese marco, el episodio reavivó el debate sobre la urgente necesidad de modernizar la reglamentación que regula el uso de la peatonal.
En particular, la ordenanza establece en su Artículo 3° la prohibición del tránsito de motos, motocicletas y bicicletas, así como también su amarre o apoyo a cualquier elemento del área peatonal. En función de esta disposición, el vecino no estaría habilitado a permanecer sentado con su bicicleta apoyada a su lado.
Sin embargo, el punto que mayor controversia genera es el Artículo 11°, que prohíbe a los propietarios de animales circular con ellos dentro del área peatonal. Esto implica que, según la normativa vigente, ninguna persona podría pasear con su mascota por ese espacio público, aun llevándola con correa, una disposición que muchos, seguramente van consideran anacrónica y contraria a los hábitos urbanos actuales.
Visiblemente, más allá del cumplimiento formal de la ordenanza, la intervención careció de sentido común y tolerancia. Según refleja un video que muestra todo el procedimiento, en ningún momento se le explicó al vecino el contenido específico de la normativa ni se le dio lectura a los artículos invocados, limitándose los funcionarios a ordenarle que se retirara del lugar.
El episodio ocurrió a plena luz del día y en medio de la actividad comercial, generando malestar entre quienes disfrutaban de la peatonal, que observaron con sorpresa cómo se desarrollaba la situación.
En tiempos donde se promueve la convivencia, el uso responsable del espacio público y la inclusión, el caso deja al descubierto la necesidad urgente de que el Concejo Deliberante avance en la actualización de una ordenanza que, aunque vigente, parece haber quedado atrapada en otra época. Mientras tanto, situaciones como esta vuelven a poner en discusión hasta qué punto el apego literal a normas desactualizadas puede derivar en actos percibidos como injustos o discriminatorios.
