Instituto de danzas Rosana Belli: “Hace 50 años, danza y arte conviven, se aprende, se práctica y se transmite a otros la pasión por bailar”
la historia de Rosana Belli y su Estudio de Danza, una institución que lleva 50 años formando bailarines en Concordia. Lo que empezó en una habitación de la casa de sus padres terminó convirtiéndose en una escuela propia, ubicada sobre San Lorenzo Este 185, con generaciones de alumnos, profesores invitados y propuestas de formación que marcaron la historia de la danza en la ciudad.
¿Cómo comenzó tu historia con la enseñanza de la danza?
“La enseñanza empezó en 1976. Primero me recibí de profesora de danza clásica y, dos años después, de profesora de danzas españolas. Tenía 15 años y, después de rendir, mi mamá me dijo que en marzo iba a comenzar a dar clases. No era como ahora. En aquella época teníamos otra responsabilidad y yo ya venía manejando esa parte durante la carrera, porque me gustaba mucho la enseñanza. También me gustaba la idea de ir a Buenos Aires para ver si podía entrar como bailarina, pero no se pudo dar y entonces comencé a enseñar”.

Agregó: “Empecé con las hijas de mis profesoras. Al principio fue todo en la casa de mis padres, en una habitación que tenía piso de madera. Después mi papá me ofreció hacer un préstamo a mi nombre. Yo era menor de edad, pero tenía que pagarlo con lo que percibía. Así se hizo todo el salón en la casa de mis padres. Más adelante, cuando me casé, me fui a vivir cerca de calle Las Heras y tuve que alquilar un espacio. Esta casa que tengo ahora la veía siempre en venta. Cuando dejaba a mis hijos en la escuela, daba la vuelta y soñaba con el garaje. Veía una camioneta grande y otro auto y pensaba: “Esta puede ser mi casa, pero ¿cómo voy a hacer?”. Finalmente, nos pusimos las pilas y pude comprarla. Después la fui acomodando a lo que necesitaba para la escuela”.
¿La academia siempre llevó tu nombre?
“Primero pertenecíamos a la academia de Teresita Miñones, con quien me recibí. Después, cuando conocí a Nancy Boca, la mamá de Julio, nos reunió a todas las que íbamos al Teatro Colón a tomar seminarios. Éramos de distintas localidades, como Federación, Chajarí y Federal. Ella nos explicó que, al tener nuestro título, podíamos inscribirnos en el SNEP, que en ese momento era el organismo para quienes estaban fuera de Buenos Aires, y así convertirnos en directoras de nuestras propias escuelas”.

¿Qué tipos de clases se pueden tomar actualmente en la academia?
“Las danzas clásicas y españolas son las que siempre están vigentes y donde suele haber más alumnado. Después tenemos danza jazz, que ahora se llama jazz contemporáneo, danzas árabes, flamenco para adultos y jóvenes, y ritmos latinos también para adultos y jóvenes. Además, hay clases para personas que tienen lesiones o necesitan trabajar determinados aspectos del cuerpo. Esa propuesta se llama Educación Postural y está a cargo de María Celia, que se perfeccionó en Buenos Aires. La danza española, por ejemplo, tiene cuatro escuelas: la danza folclórica, la escuela bolera, la danza estilizada —que se trabaja con castañuelas— y el flamenco. A medida que vemos la posibilidad de profundizar en cada una, vamos incorporando nuevas propuestas”.
A lo largo de estos 50 años, ¿cuál considerás que fue uno de los mayores desafíos?
“Mi idea siempre fue traer maestros de Buenos Aires a Concordia, porque no podíamos llevar a todo el alumnado hasta allá. El gasto era enorme: había que pagar el viaje, la estadía y los cursos. La idea siempre fue que las escuelas de Concordia y de las localidades cercanas pudieran participar”.
“Otro gran desafío. Cuando se había abierto el Teatro Odeón, después de que se había cambiado el piso, quería traer compañías para que se presentaran en Concordia. Todo lo hice sin pedirle nada a nadie. Durante el año juntaba todo lo que podía y, si no me alcanzaba con lo recaudado por las entradas, buscaba la manera de completar el dinero para poder traer gente”.

¿Notás diferencias entre quienes tomaban clases hace 50 años y los alumnos de hoy?
“Tengo alumnas que ya están bailando profesionalmente y otras que también se dedican a enseñar. Siempre les hablo de la pasión por la danza y por la enseñanza, pero también de la importancia de perfeccionarse. Esto nunca termina: la danza continúa y evoluciona. Por eso siempre les digo que no se queden solamente con lo que aprendieron acá. Si quieren más, tienen que salir a buscarlo, como hice yo cuando viajaba a Buenos Aires para aprender algo nuevo. Lo mismo sucede si quieren ser bailarinas: tiene que gustarles de cuerpo y alma. Yo siempre digo que amo, vivo y respiro danza. Eso fue toda mi vida”.
¿Por qué creés que tus alumnos siguen eligiendo la academia y mantienen ese vínculo con vos?
“Muchos me cuentan que les enseñé a estudiar y a tener una conducta en todo lo que emprendan. Yo siempre les hablo con la realidad de lo que les puede pasar después, más allá de si se dedican a la danza o eligen otra profesión. Tienen que tener una conducta y un compromiso con lo que hacen, no ir por ir. Tengo alumnas que hoy son profesionales, odontólogas y de distintas áreas. También hay personas que están viviendo en España y que me pidieron que les revalidara el título porque les servía para poder trabajar allá”.

¿Cómo describirías en pocas palabras lo que significa tu escuela para vos?
“Mi escuela es muy importante. Siempre les digo a las personas que nos conocen que acá se enseña danza, que esto es una escuela de danza y que no vienen simplemente a pasar un tiempo de juego. La ética profesional es lo primero que tenemos que tener los maestros que estamos acá. Después está la responsabilidad de entregarle al alumno todo lo que uno tiene, no guardarse las cosas.
El próximo 20 de diciembre tendrán una función en el Teatro Odeón. ¿Qué están preparando?
“La función será el 20 de diciembre, a las 10:30, en el Teatro Odeón. Van a venir ex alumnas mías y les estoy preparando un baile para que puedan participar. Muchas de ellas hoy son madres y yo ya soy abuela de un montón de sus hijos, que también pasaron por acá. Tengo dos nietos, pero siento que tengo muchos más por mis exalumnos. La mayoría ha traído a sus hijas a la academia y algunas también terminaron su formación acá. Así se sigue reproduciendo esta historia, generación tras generación”.
FUENTE: DespertarEntrerriano.
