CONCORDIACULTURA

Anunciaron la publicación de un libro sobre el Castillo San Carlos

Se trata de “San Carlos, un castillo de leyenda”, cuyo autor es el reconocido periodista y referente cultural Roberto Romani.

Libro sobre el Castillo San Carlos

Según se anunció oficialmente, los lectores podrán encontrar los ejemplares de “San Carlos, un castillo de leyenda”, en Paraná, en la sede de la Editorial de Entre Ríos (EDER), de calle 25 de Junio al 39.

El autor es Roberto Romani, un referente indiscutido de la cultura entrerriana. La EDER es un organismo de la Secretaría de Cultura de Entre Ríos.

“San Carlos, un castillo de leyenda”

Con este título, Romani pone en diálogo memoria, historia y paisaje, y de esta manera inaugura la colección Álveo, una nueva serie editorial que propone un cauce para las escrituras contemporáneas de la provincia, con especial atención a aquellas producciones vinculadas con la historia, la geografía, el pensamiento y las ciencias sociales y humanas.

Álveo —como cauce, como huella de agua— nombra un recorrido: el de las escrituras que se inscriben en el territorio y, a la vez, lo proyectan hacia múltiples interlocuciones. “En ese fluir, lo emergente dialoga con las tradiciones, con sus herencias, sus silencios y sus fracturas. Cada libro se piensa, así, como parte de una política de archivo en tiempo presente, que registra y pone en circulación la producción intelectual y creativa más reciente de Entre Ríos”, se explicó oficialmente.

En “San Carlos, un castillo de leyenda”, Roberto Romani reconstruye una historia compleja y plural: desde los materiales que dieron forma a esta arquitectura singular, recortada sobre uno de los miradores más significativos del río Uruguay, frente al Salto Chico, hasta las trayectorias de quienes lo habitaron. Sus usos, abandonos y resignificaciones permiten reconocer en el sitio una parte sustantiva de la historia entrerriana, así como una trama de vínculos materiales y culturales que enlazan a la provincia con Francia, con el mundo y con su propio porvenir.

Según se especificó, la Editorial de Entre Ríos recibe al público de lunes a viernes, de 7 a 13 y de 16 a 20hs.

El castillo

Las ruinas de San Carlos revelan a primera vista, el espíritu pujante de quien hizo construir esa residencia a fines del siglo XIX. El castillo fue construido en 1888 para residencia de su dueño, M. Edouard Demachy, y allí funcionaba también la administración del saladero que éste vino a regentear.

La exportación de carnes saladas y de cueros enriquecía a los productores de la pampa húmeda, pero desde el litoral argentino y del vecino Uruguay, aunque más modestamente, se aportaban también toneladas de carne salada, millones de cueros secos, quintales de grasa para velas y jabón. Antes de mediar el siglo XIX el General Urquiza fue el gigante productor que competía con los hacendados porteños. En Concordia los saladeros de Bica, Nebel, Lesca, Cinto y Suburu, aunque menores en importancia, carneaban arriba de doscientas reses diarias. Entonces hacia esta región argentina se dirigió un empresario francés para hacerse cargo de la explotación del saladero “Uruguay”, revitalizado por capitales aportados por el banquero lionés Charles Auguste Demachy. Era Edouard, su hijo, cuya historia románticamente enlazada por la leyenda popular ha llegado hasta nosotros.

La llegada de Edouard Demachy al puerto de Concordia en barco propio, trayendo en sus bodegas muebles, cuadros, cortinados, alfombras, esculturas, vajilla y platería, objetos costosos y elegidos con refinado gusto, no asombraría a la comunidad de entonces porque ya se había intuido la opulencia de los propietarios durante la construcción del castillo, las dependencias y los galpones.

Edouard Demachy no se limitó a construir ostentosa vivienda para sí, ni alhajarla con tapices, gobelinos y muebles de estilo que por su rareza en el medio admirarían a muchos. Hombre de solvencia económica y visión progresista, instaló a orillas del Uruguay una empresa rentable. Dio trabajo a más de novecientos operarios e hizo construir en su predio casas habitación en piedra y madera de la región para alojamiento obrero. Edouard llegó a Concordia con su mujer, Yolande hermosa y mundana, y con el pequeño hijo de ambos, cuyo nombre ha quedado en el olvido, en el misterio. En el parque plantó árboles de especies europeas, hizo de las lomadas jardines que daban al lugar una nueva fisonomía, cambió el aspecto del sitio como para enmarcar una generosa y refinada manera de vivir. En 1892 Edouard Demachy viajó a Francia con su familia. Dejó la casa puesta, pero nunca más volvió a Concordia.

Así nació y creció la leyenda alrededor de este personaje detrás de quien quedaban los años de un París vivido, sin dudas, intensamente. Una crónica del diario local señalaba a su arribo: “ Procedente de París llegó M. Edouard Demachy, francés de gentil apostura, cuyos modales rumbosos trasuntan una existencia acomodada. No es conde, ni marqués, ni senador. Es algo más que todo eso: es el hijo de uno de los banquero más opulentos de Francia, con cuyo capital sostendrá la instalación de un saladero en nuestras costas. ”

Al partir Demachy quedaba la inercia del trabajo puesto en marcha, la insatisfacción de los acreedores, las conjeturas del personal. Durante un tiempo bastante largo, por la buena gestión de sus administradores, el establecimiento siguió produciendo, pero al suspenderse los envíos del capital operativo desde Francia, las deudas determinaron la bancarrota.

Comenta con tu cuenta de Facebook
¡Compartir Publicación!