INTERÉS GENERAL

“La droga no empieza con el consumo, empieza mucho antes”: el trabajo silencioso de la Agrupación Amigos, quienes buscan llegar a tiempo

Cada vez más chicos tienen contacto con sustancias a edades más tempranas y las consecuencias impactan no solo en quienes consumen, sino también en sus familias, sus vínculos y toda la comunidad. Frente a una problemática que preocupa y atraviesa a Concordia,  Sebastián Yuzefoff y Camila Cabrera, integrantes de la agrupación Amigos, quienes recorren escuelas, clubes y barrios llevando herramientas de prevención y concientización. Desde las historias que escuchan a diario hasta las realidades que observan en los tratamientos, ambos advierten que la lucha contra las adicciones no comienza cuando aparece el consumo, sino mucho antes, en la información, el acompañamiento y la posibilidad de llegar a tiempo.

Mientras gran parte del debate sobre las adicciones suele centrarse en los tratamientos o en las consecuencias del consumo, para Sebastián y Camila la discusión debería empezar mucho antes. Ambos integran la agrupación Amigos, un espacio que nació de manera espontánea, impulsado por vecinos y padres que querían involucrarse en alguna problemática social y que, con el tiempo, encontró en la prevención de consumos problemáticos su principal misión. “Empezamos sin nombre, sin estructura y sin saber exactamente cómo ayudar. Íbamos donde hacía falta una mano. Pero cuando empezamos a recorrer los barrios vimos una realidad que nos golpeó de frente: las drogas estaban presentes en todos lados. Ahí entendimos que era donde más falta hacía trabajar”, recordó Sébastian.

Actualmente, junto a Camila, recorren escuelas, clubes deportivos, comedores comunitarios y espacios barriales llevando talleres adaptados a distintas edades. Lo hacen de manera voluntaria, combinando esta tarea con sus actividades laborales.

La prevención como herramienta principal

Para ambos, la prevención es el punto de partida de cualquier estrategia seria contra las adicciones. Durante la charla, Sebástian utilizó una imagen que resume su mirada sobre la problemática. “Para mí, Concordia es como una casa donde alguien dejó una canilla abierta. Nosotros estamos todo el tiempo pasando el lampazo, secando el agua, tratando las consecuencias. Pero mientras no cerremos esa canilla, el problema va a seguir apareciendo. La prevención es justamente eso: intentar cerrar la canilla antes de que la casa se siga inundando”.

Según explicaron, el objetivo no es asustar ni dar discursos moralistas, sino ofrecer información clara para que niños y adolescentes puedan tomar decisiones conscientes. “No llevamos miedo. Llevamos herramientas. Les damos información adaptada a cada edad para que cuando aparezca la primera oferta puedan reconocerla y sepan qué hacer”, explicó Cabrera.

Uno de los aspectos que más preocupa a quienes trabajan en el tema es la edad de inicio. Los entrevistados señalaron que hoy existen estadísticas que ubican el primer contacto con sustancias entre los 8 y 9 años. Incluso remarcaron que, antes de llegar a las drogas ilegales, muchos niños ya presentan consumos problemáticos vinculados a las pantallas y los dispositivos móviles: “He visto bebés con celulares en la cara y chicos de tres años que hacen verdaderos berrinches cuando se los sacan. Ahí también hay una problemática que debemos mirar”, advirtió Camila

Sin embargo, remarcan que el principal foco de su trabajo sigue estando puesto en las sustancias que generan mayores daños físicos, psicológicos y sociales.

“Saben que existe, pero no saben qué les hace”

Una de las situaciones que más observan durante sus recorridas es que muchos adolescentes conocen perfectamente el entorno donde circulan las drogas, pero desconocen sus consecuencias reales: “Saben quién vende, saben quién consume, saben cómo se llama cada sustancia. Lo que no saben es lo que eso puede provocar en sus vidas”, afirmó Sebástian.

Por eso, gran parte de las actividades que realizan están basadas en relatos, cuentos y ejemplos cotidianos especialmente diseñados para cada grupo etario. No utilizan imágenes impactantes ni discursos alarmistas. Buscan generar reflexión: “Nosotros contamos historias. Historias reales adaptadas a la edad de quienes nos escuchan. Y cuando ves las caras de los chicos mientras escuchan, te das cuenta de que algo les queda. Es como plantar una semillita”, explicó.

Además de las tareas preventivas, ambos tienen experiencia acompañando personas que atraviesan consumos problemáticos. Allí el panorama cambia drásticamente.

Familias agotadas, vínculos destruidos, recaídas constantes y trastornos de salud mental forman parte de una realidad que muchas veces permanece invisible: “Nos encontramos con padres que ya no saben qué hacer, con chicos que desarrollaron cuadros psiquiátricos severos y con familias completamente quebradas. La adicción no destruye solamente a quien consume; golpea a todo el entorno”, sostuvo Cabrera.

Según explicaron, muchos tratamientos son costosos y los recursos disponibles resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. Por eso vuelven una y otra vez sobre la misma idea: prevenir siempre será más efectivo que llegar cuando el consumo ya está instalado.

La importancia de hablar

Uno de los mensajes que más repiten durante las charlas es la necesidad de que los chicos hablen cuando se encuentran por primera vez frente a una situación vinculada al consumo.

Sebástian compartió incluso una experiencia personal que lo marcó profundamente y que hoy utiliza como herramienta de concientización: “Muchas veces los chicos tienen miedo de contar. Piensan que los van a retar o que hicieron algo malo. Pero contar puede salvar vidas. A veces una conversación con un adulto llega a tiempo y evita situaciones mucho más graves”.

En ese sentido, remarcaron que la droga no siempre aparece a través de desconocidos o de contextos marginales. Muchas veces el primer ofrecimiento llega de la mano de un amigo, un compañero o alguien cercano: “Por eso es tan importante que tengan información. Porque la realidad no siempre aparece como uno la imagina”, señalaron.

Actualmente, Amigos continúa recibiendo invitaciones de escuelas, clubes, comisiones vecinales y organizaciones que buscan abrir espacios de diálogo sobre consumos problemáticos. Aunque reconocen que son pocos para la cantidad de demanda existente, mantienen intacta la convicción que los impulsó desde el principio: “Nosotros no pretendemos cambiar el mundo de un día para otro. Lo que queremos es llegar antes. Si logramos que un chico tenga una herramienta más para decir que no, ya vale la pena”, concluyó

Fuente: Despertar Entrerriano.

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