INTERÉS GENERAL

“Nunca pensé en ser chofer de colectivo”: La historia de la única mujer al volante en Concordia

Marzo es un mes donde la conversación vuelve a poner el foco el lugar de las mujeres en distintos ámbitos de la vida cotidiana, especialmente en aquellos espacios donde durante años la presencia femenina fue casi inexistente. En Concordia, el transporte público es uno de esos casos. En este marco, Sabrina Céspedes, quien desde hace poco más de un año maneja un colectivo de la Línea 1 y hoy es la única mujer que conduce una unidad urbana en la ciudad. A partir de su experiencia y de la mirada de otros referentes del sector, la historia permite mirar cómo empieza a abrirse paso un cambio en un rubro que históricamente fue territorio masculino.

Para entrar en contexto es bueno saber que distintas ciudades del país, el transporte público comienza a mostrar señales de cambio en un rubro que durante décadas estuvo prácticamente reservado a los hombres. En Rosario, por ejemplo, el sistema urbano alcanzó recientemente un récord histórico con 191 mujeres conductoras, que representan alrededor del 12% del total de choferes. Un número que años atrás parecía impensado.

Aún así, en Concordia la realidad todavía es distinta. Hoy solo una mujer maneja un colectivo en el transporte urbano. Se trata de Sabrina Céspedes. Su historia se convierte en una puerta de entrada para pensar cómo empiezan a abrirse espacios en un trabajo tradicionalmente masculino: “La verdad que estoy muy bien, disfrutando del trabajo y aprendiendo todos los días. La gente es muy comprensiva conmigo y no tengo problemas con mis colegas de ninguna línea”, contó.

Un trabajo que llegó sin planearlo

Curiosamente, manejar un colectivo nunca estuvo en sus planes. La oportunidad apareció casi por casualidad cuando salió a buscar trabajo. “Nunca pensé en ser chofer de colectivo. No estaba en mis planes. Las cosas se fueron dando. Yo creo que todos los trabajos que tuve antes me fueron preparando para llegar acá. Yo hacía reparto, y quizás esa experiencia me ayudó bastante”, explicó.

Céspedes se presentó directamente en la cooperativa para pedir una oportunidad, sin haber dejado previamente su currículum. A partir de allí comenzó un período de prueba que finalmente terminó con su incorporación definitiva. “Yo vine a pedir experiencia. Sabía que podía salir bien o podía salir mal, porque todo era nuevo. Pero me dieron la oportunidad y la aproveché”, recordó.

Desde la cooperativa destacan que lo que más valoraron fue su actitud y sus ganas de trabajar. José López, síndico de la cooperativa de la Línea 1 y encargado de la selección de personal, explicó que su llegada también implicó romper ciertas estructuras dentro del sector: “Cuando hablamos con ella ya teníamos la idea de incorporar personal femenino, pero todo se dio bastante rápido porque ella se presentó por su cuenta. Es un gremio donde históricamente fueron todos varones, así que lo primero fue romper con eso”, señaló.

Cambiar una estructura pensada solo para hombres

El ingreso de una mujer al plantel también obligó a replantear cuestiones que nunca antes se habían considerado: “Tuvimos que hablar muchas cosas con ella primero. Desde lo más simple, como que teníamos baños solo para varones, hasta los horarios. Acá el trabajo es igual para todos: hay turnos de madrugada, salidas a las 12 de la noche o ingresos a las 4 de la mañana. Ella sabía que iba a ser tratada igual que cualquier chofer”, explicó López.

Con el tiempo, la adaptación fue natural tanto dentro del equipo como en la rutina laboral: “Se la trata como a un compañero más. Es una socia más dentro de la cooperativa. Lo importante es la responsabilidad y el cumplimiento del trabajo, y eso lo fue demostrando desde el primer momento”, agregó. Actualmente, en la cooperativa trabajan 48 personas, de las cuales 25 son choferes.

La reacción de los pasajeros

Una de las curiosidades que más se repite entre los pasajeros es la sorpresa al ver a una mujer al volante: “Cuando empecé a practicar, a las cinco de la mañana, había gente que se subía y se bajaba porque pensaba que era otro colectivo o que no era el de la línea. Se notaba la reacción de la gente”, recordó entre risas.

Con el paso del tiempo, esa sorpresa fue transformándose en algo más cotidiano: “Para mí ya es algo normal. Yo voy a trabajar, me subo al colectivo y hago mi trabajo. Pero a veces me sigue sorprendiendo que para algunas personas todavía no sea algo tan común”, contó.

También aparecen historias que muestran que la relación de las mujeres con el volante no es algo nuevo, aunque durante mucho tiempo haya quedado invisibilizada.

Sabrina cuenta que muchas de las reacciones más cálidas llegan justamente de mujeres mayores, que al verla manejando recuerdan experiencias propias que casi nunca trascendieron públicamente. “Hay muchas señoras grandes que me dicen que ellas manejaban con sus maridos camioneros o que siempre quisieron hacerlo. Algunas hasta me suben con un caramelito o algún detalle. Son cosas que te hacen sentir bien”, relató.

Para la chofer, esos comentarios reflejan una realidad que durante años quedó naturalizada puertas adentro: mujeres que también manejaban, pero desde un lugar secundario, acompañando en viajes o tomando el volante en momentos puntuales, sin que esa experiencia se reconociera como parte de un oficio.

Un rubro donde casi no llegan currículums femeninos

Desde el sector coinciden en que la falta de mujeres en el transporte público no responde necesariamente a una negativa de las empresas, sino a la escasa cantidad de aspirantes.

Daniel La Palma, referente de la Cooperativa 12 de Octubre, explicó que en más de dos décadas casi no recibieron postulaciones femeninas. “Nos gustaría que más mujeres se sumen a conducir, pero la realidad es que son muy pocas las que dejan currículum para ese puesto. En 25 años que tengo en la cooperativa, solo tres mujeres se presentaron para manejar y por distintas razones no fueron seleccionadas”, detalló.

Según explicó, el sistema de incorporación también limita las oportunidades. “Somos 37 asociados y cuando se incorpora alguien es porque otro se retira. Tenemos más de 100 aspirantes en lista. Si de esos cien solo una es mujer, la probabilidad de ingreso es muy baja”, señaló. Incluso cuando en 2022 las empresas debieron sumar personal de forma urgente, no hubo postulantes femeninas. “En ese momento incorporamos nueve asociados nuevos y ninguna mujer estaba interesada en el puesto”, recordó.

Un camino que recién empieza

Más allá de las dificultades, quienes trabajan en el sector coinciden en que el cambio cultural ya comenzó y que cada vez más mujeres se animan a ocupar lugares históricamente masculinos. En Concordia ya hubo antecedentes, como el caso de Norma Graciela Chamussy, recordada como una de las primeras mujeres que condujo colectivos en la ciudad.

Hoy, la experiencia de Sabrina vuelve a poner el tema sobre la mesa y abre la puerta para que otras mujeres se animen a dar el mismo paso. “Que se sumen, que no tengan miedo al volante de los colectivos”, expresaron desde el sector.

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