INTERÉS GENERAL

Gualeguaychú: un chofer profesional fue desafectado por la CNRT tras registrar 2,22 g/L de alcohol en sangre

Hay conceptos que por básicos nunca hay que cansarse de reiterarlos. Uno de ellos enseña que la seguridad vial es una construcción colectiva que depende de múltiples factores: desde la infraestructura y los vehículos en condiciones hasta los controles efectivos y constantes, pasando por las conductas responsables de quienes circulan por las rutas y calles. Y especialmente es aplicable sin atenuantes para aquellos que ostentan la habilitación de conductores profesionales. En ese marco, el reciente procedimiento realizado por la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) en la ciudad de Gualeguaychú vuelve a poner de relieve la trascendencia de los controles preventivos y la importancia de generar una verdadera cultura del cuidado.

Durante un operativo de fiscalización realizado a las 13:16, un conductor profesional que ingresaba al país proveniente de Brasil fue sometido a un test de alcoholemia que arrojó un resultado de 2,22 gramos de alcohol por litro de sangre. El registro representa una cifra alarmante para cualquier conductor y resulta aún más grave tratándose de una persona que tenía a su cargo la conducción de un vehículo de transporte profesional.

Ante esta situación, los inspectores de la CNRT actuaron de manera inmediata y procedieron a desafectar al chofer, impidiendo que continuara prestando el servicio. No se exagera si se concluye que esa decisión ayudó a salvar vidas.

Porque la medida no sólo respondió al incumplimiento de la normativa vigente de alcohol cero para los conductores profesionales, sino también a la necesidad de prevenir potenciales consecuencias que podrían haber puesto en riesgo a otras personas.

El valor de los controles como herramienta de prevención

Cada operativo de fiscalización que se realiza en rutas, terminales y corredores internacionales tiene un objetivo que va mucho más allá de la aplicación de sanciones. Ningún conductor debería molestarse por ello, al contrario. Cuando hay controles viales, todos deben sentirse más seguros y protegidos.

De hecho, la principal función de esos controles siempre es la prevención. Detectar una conducta de riesgo antes de que provoque un siniestro constituye uno de los pilares fundamentales de las políticas modernas de seguridad vial.

En este caso, el control permitió identificar una situación extremadamente peligrosa antes de que derivara en un hecho lamentable. La intervención temprana de los inspectores de la CNRT evitó que una persona bajo los efectos del alcohol continuara conduciendo un vehículo de gran porte, reduciendo significativamente el riesgo para sí, pero también para otros conductores y peatones.

Las estadísticas nacionales e internacionales coinciden en señalar al consumo de alcohol como uno de los principales factores asociados a los siniestros viales graves. Está comprobado que el alcohol afecta la capacidad de reacción, disminuye la atención, altera la percepción de las distancias y genera una falsa sensación de seguridad que puede conducir a decisiones imprudentes.

Cuando los niveles de alcohol en sangre alcanzan valores elevados -como ocurrió en este caso-, los riesgos se multiplican. La conducción se vuelve impredecible, se deteriora la coordinación motriz y se reducen drásticamente las posibilidades de responder adecuadamente ante situaciones de emergencia.

La prevención comienza antes de subir al vehículo

Lo otro que es necesario comprender es que los controles son indispensables, pero por sí solos no alcanzan para erradicar las conductas de riesgo. La verdadera prevención comienza mucho antes que un inspector solicite una documentación o realice una prueba de alcoholemia.

La decisión de no conducir después de consumir alcohol debe ser asumida como un compromiso personal e intransferible. Del mismo modo que se utilizan cinturones de seguridad o se respetan los límites de velocidad, evitar ponerse al volante bajo los efectos de bebidas alcohólicas debe formar parte de hábitos incorporados por toda la comunidad. Parece un concepto básico, pero a juzgar por las estadísticas, no lo es.

El episodio registrado en Gualeguaychú constituye un recordatorio de que la seguridad vial exige vigilancia permanente, controles rigurosos y responsabilidad individual. La actuación de la CNRT permitió neutralizar una situación de alto riesgo en uno de los principales corredores internacionales del país, demostrando la relevancia de las tareas de fiscalización. Y también refleja la necesidad que esos operativos sean permanentes, no esporádicos.

Está claro que el desafío más importante sigue siendo el cultural. Construir caminos más seguros requiere que cada conductor comprenda que sus decisiones tienen impacto sobre la vida de los demás. La prevención no es únicamente una obligación del Estado ni una tarea exclusiva de los organismos de control: es una responsabilidad compartida.

Cada vez que una persona decide no conducir después de beber, cada vez que se respeta una norma de tránsito y cada vez que se prioriza el cuidado colectivo por encima de la comodidad personal, se fortalece una cultura vial más segura. Y en esa construcción cotidiana, la responsabilidad ciudadana sigue siendo la herramienta más poderosa para prevenir tragedias.

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