Por presunto «cohecho», detienen a gendarmes en Monte Quemado, Córdoba y Entre Ríos
Habrían retenido secuestros de drogas, exigieron coimas a tours y se apoderaron de U$S 6.000 en un falso operativo.
Tres gendarmes fueron detenidos en Santiago del Estero, Entre Ríos y Córdoba, sindicados de integrar una organización que entre 2022 y 2023 se habría apoderado de drogas, secuestros y esquilmados a tours de compra, incluido un automovilista despojado de U$S 6.000, en la ciudad de Monte Quemado, Copo.
Pese al hermetismo de la investigación, comandada por el juez federal Guillermo Molinari y el fiscal federal Pedro Simón, trascendió que los detenidos son el primer alférez, Cristian de Jesús Rolón, ex jefe de Gendarmería en dicha ciudad.
En la actualidad, cumplía funciones como instructor en Gendarmería de Jesús María, Córdoba. Para los investigadores, Rolón era el cerebro pensante en la presunta banda.
El segundo detenido es el sargento Rodrigo Martín Rocha, quien hoy cumple funciones en la Sección Monte Quemado y el cabo primero Leonardo Emanuel Mela, cuyo actual destino es el Escuadrón Rosario, Victoria, provincia de Entre Ríos.
Los procedimientos denominados «Operación Integridad» estuvieron a cargo del personal de la Unidad Región IV – «Unidad de Investigaciones de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales Santiago del Estero».
Apogeo y ocaso
Todo hizo eclosión en 2023 cuando el automovilista, de apellido Granado, fue detenido en la ruta nacional 16. Rolón y compañía le pidieron documentación y requisaron su unidad. Entre sus bienes, le habrían incautado U$S 6.000.
«Por disposición de la Justicia Federal le serán incautados», informaron al automovilista, ante sospechas de dineros en neto «lavado de activos».
Al día siguiente, Granado se habría trasladado al Juzgado Federal con documentación, resuelto en acreditar la naturaleza de los U$S 6.000. Sin embargo, el procedimiento jamás habría sido notificado a las autoridades: no había causa.
El hombre radicó una denuncia y activó el andamiaje legal de dicha Unidad, con base operativa de extrema reserva en la fuerza. Con Rolón y su gente ignorando el proceso, los funcionarios desplegaron tareas de seguimiento, vigilancias y escuchas telefónicas. En menos de 4 meses, salió a la luz el rostro oculto de los gendarmes.
Las pruebas desnudaron «trabajos» paralelos a los legales, tendientes a apropiarse de estupefacientes de procedimientos, venderlos con sus amigos dealers, apriete y exigencia de dineros a los tours, en especial los provenientes del norte.
De la investigación, surgió que una «coima» habría quedado registrada de la manera más burda: a través de una transferencia. Ello, según los investigadores, refleja la impunidad con la que se habrían manejado los acusados.
