Pablo Lapiduz le responde a Sastre por la crítica al proyecto de reforma de Entes Municipales
A continuación, la Carta de contestación de Lapiduz a Sastre:
Si algo debería estudiar el Concejal Sastre, es que en democracia los aportes ciudadanos no se combaten con soberbia, sino con argumentos.
He leído sus recientes declaraciones con una mezcla de asombro, paciencia y una inevitable curiosidad intelectual: francamente, resulta llamativo el lugar desde el cual usted se pronuncia, como si hubiese sido investido no ya de una banca legislativa, sino de una suerte de autoridad moral, jurídica y pedagógica capaz de aleccionar a cualquiera que ose pensar distinto.
Y allí aparece la primera pregunta de fondo: ¿desde qué sitial se arroga usted el derecho de explicarles el Derecho, la administración pública y el funcionamiento institucional a quienes suscribimos la nota, todos profesionales con más de treinta años de trayectoria en la función pública y en el ejercicio de nuestras respectivas profesiones? La vehemencia puede ser un recurso discursivo; la soberbia, en cambio, suele ser apenas un síntoma de escasez argumental.
Pero vayamos por partes, para que no se pierda el hilo entre tanta declaración ampulosa.
- Sobre la lectura de las leyes
Es realmente enternecedor y curioso que usted nos exhorte públicamente a “leer las leyes”, cuando lo cierto es que el proyecto fue presentado cumpliendo en un todo el marco normativo vigente, extremo que, a esta altura, parecería haber pasado inadvertido en sus declaraciones.
La presentación efectuada se ajustó estrictamente a las disposiciones aplicables, tanto en su forma como en su sustancia, y fue promovida por tres ciudadanos particulares, profesionales de esta ciudad, en ejercicio pleno de sus derechos. No fue presentada por un partido político, ni invocando una representación partidaria, ni bajo ninguna modalidad prohibida por la normativa vigente.
Por eso sorprende que usted cite con tanta seguridad el Art. 5 de la Ordenanza N° 31.844 y, al mismo tiempo, omita lo más elemental: la prohibición allí prevista alcanza a los partidos políticos, no a las personas humanas que, de manera individual, ejercen un mecanismo institucional previsto por el ordenamiento local. La diferencia es tan clara que cuesta creer que se trate de una confusión involuntaria.
Dicho de otro modo: no solo no se vulneró norma alguna, sino que la presentación respetó íntegramente el procedimiento establecido. Por eso, cuando usted pretende instalar públicamente una objeción de legalidad donde no la hay, termina exhibiendo más un desconocimiento del régimen aplicable que una crítica jurídicamente seria.
Tal vez el problema no sea que nosotros no hayamos leído la norma, sino que usted la haya leído de manera apurada, selectiva o, peor aún, con una convicción bastante mayor que su precisión técnica.
En cualquier caso, sería prudente, antes de impartir lecciones jurídicas en los medios, verificar primero si el cuestionamiento que formula tiene algún sustento real. Porque cuando se habla con tono profesoral pero sin solidez normativa, el efecto no es el de una clase magistral: se parece bastante más al de una reprimenda sin estudio previo.
- Sobre las ideas, los estudios y la costumbre de no resolver nada
Usted afirma que “vienen estudiando” desde hace meses el cierre de organismos deficitarios. Lo celebro. En la administración pública siempre es saludable estudiar. El problema aparece cuando el estudio se transforma en una coartada elegante para la inacción.
Porque mientras algunos “estudian”, el déficit sigue corriendo; mientras algunos “analizan”, los costos se acumulan; y mientras algunos declaran, otros presentamos propuestas concretas, escritas, fundadas y técnicamente argumentadas.
Nuestra iniciativa podrá gustarle o no. Podrá compartirla o rechazarla. Lo que no puede hacer seriamente es descalificarla solo porque provino de ciudadanos que decidieron hacer lo que muchas veces la política promete y no concreta: trabajar una propuesta y ponerla a consideración pública.
- Sobre el rol del concejal
Permítame una precisión institucional elemental. A usted no lo eligieron para comentar proyectos como si fuera panelista de un programa de chimentos políticos. Lo eligieron para legislar. Y legislar implica analizar, corregir, mejorar, debatir y votar.
Si considera que una iniciativa es incompleta, su deber no es ridiculizarla en los medios ni deslizar insinuaciones impropias sobre la situación laboral de terceros. Su deber es perfeccionarla con herramientas legislativas. Para eso tiene una banca. Para eso cobra una dieta. Para eso le otorgó representación la ciudadanía.
Todo lo demás —las chicanas personales, las insinuaciones maliciosas, los comentarios laterales— podrá servir para una discusión de café, pero empobrece bastante el estándar del debate público.
- Sobre el tono, la virulencia y un enojo difícil de explicar
Lo que realmente llama la atención, Concejal, no es su disenso —que es perfectamente legítimo en democracia— sino el nivel de virulencia, el tono desmedido y la llamativa necesidad de descalificar cada vez que quienes suscribimos una opinión o acercamos una propuesta.
Y aquí es donde aparece el punto que más sorprende: lo nuestro fue, sencillamente, un aporte. Un aporte técnico, ciudadano, respetuoso e institucional. Nunca una crítica a esta gestión, ni tampoco a las anteriores. No hubo agravio, no hubo ataque, no hubo imputaciones personales ni políticas. Hubo una propuesta. Nada más. Y nada menos.
Por eso resulta difícil no preguntarse: ¿cuál es exactamente el problema? ¿Que tres profesionales con larga trayectoria en la administración pública y en el ejercicio de sus profesiones hayan decidido colaborar con una idea concreta? ¿Que se haya puesto por escrito una iniciativa para debatir? ¿O molesta, acaso, que el aporte venga de personas que no necesitan pedir permiso para pensar, estudiar y proponer?
Le aclaramos entonces, para que no haya margen de confusión: no fuimos contra nadie; fuimos a favor de una idea. Si esa idea no le gusta, discútala. Si cree que puede mejorarse, mejórela. Si considera que no corresponde, rechácela con fundamentos. Pero responder a un aporte con enojo personal, grandilocuencia y tonos de barricada no fortalece su posición: apenas revela una dificultad evidente para procesar el disenso con madurez institucional.
En definitiva, Concejal, seguimos sin entender por qué un aporte respetuoso, técnico y desinteresado genera en usted semejante nivel de irritación. Tal vez porque en tiempos donde abundan las consignas vacías, una propuesta concreta obliga a discutir en serio. Y discutir en serio exige algo más difícil que levantar la voz: exige argumentos.
De nuestra parte no hubo ni hostilidad ni agravio. Hubo, simplemente, la voluntad de contribuir. Si esa contribución sirve, bienvenida sea. Si no sirve, que se diga con razones. Pero sería saludable para la vida pública de Concordia que empecemos a distinguir entre una crítica destructiva y un aporte honesto.
Aun así, y pese al tono que usted ha elegido, seguimos creyendo que el camino correcto es el institucional. Menos show. Menos susceptibilidad. Menos ataques personales. **Más lectura, más trabajo y más respeto por las ideas ajenas.** Lo saludamos atentamente.
