Pasaron por Concordia tras salir de la Patagonia para dar la vuelta al mundo en un modelo 61
Carlos Abasolo y Soledad Heredia llegaron a Concordia con su “Proyecto Unión DKW”, una travesía que tiene a Brasil como primer destino y el objetivo de alcanzar Australia en un recorrido que demandará unos 10 años.
Un viejo automóvil alemán, dos viajeros y un sueño que comenzó a tomar forma hace más de una década. Carlos Alberto Abasolo y su compañera, Soledad Heredia, salieron de El Bolsón hace 30 días para iniciar una aventura que los llevará a recorrer unos 160.000 kilómetros alrededor del mundo. Este domingo, en el Corsódromo de Concordia, participaron de la exposición “Lo Viejo Funciona”, donde compartieron la historia de su particular travesía.
El vehículo es un DKW de 61 años, el mismo modelo que Abasolo tuvo como primer auto cuando era joven. Ahora, con sus hijos ya independientes, decidió concretar aquella idea que había comenzado a imaginar en 2015 y que tiene como principal desafío completar el recorrido hasta Australia.
“Mi destino es poder llegar a Australia con el auto, darle la vuelta al mundo en 10 años y el primer objetivo ahora vamos a Brasil”
Un sueño que esperó el momento indicado
La idea de viajar no es nueva para Abasolo. Antes de iniciar este proyecto, ya había recorrido distintos países de Sudamérica en una motorhome, incluyendo Bolivia, Chile, Perú y Ecuador. También vivió casi tres años en Italia, donde aprovechó para conocer buena parte de ese país a bordo de otro vehículo.
Sin embargo, esta vez el desafío tiene un significado especial. El DKW no es solamente el medio de transporte elegido, sino también un vehículo cargado de recuerdos personales y familiares.
“Este fue mi primer auto cuando yo tenía 18 años”, recordó. Y agregó que la posibilidad de concretar la travesía llegó después de esperar el momento adecuado. “Mi idea siempre fue vivir viajando. Así que este proyecto en el 2015 se me ocurrió, pero bueno, mis hijos todavía eran chicos y me necesitaban y bueno, ahora que ya están todos volando solos, independientes, me puedo dar el gusto de hacer este capricho”, detalló.
El viaje también tiene una dimensión emocional. Abasolo relató que el automóvil le trae recuerdos de los viajes que compartió con su hermano, quien falleció hace apenas tres semanas.
“Para mí es un desafío personal y yo lo amo porque es mi primer auto, un montón de recuerdos viajando con mi hermano”, expresó.
Cómo financian una vuelta al mundo
Uno de los interrogantes que despierta una aventura de estas características es cómo sostenerla económicamente durante tantos años. Abasolo explicó que no cuenta con una jubilación ni dispone de grandes recursos económicos, por lo que ideó una alternativa para financiar el recorrido.
“Toda mi vida fui y me dediqué a las ventas”, señaló. A partir de esa experiencia, creó y registró la marca Proyecto Unión DKW, con la que comercializa distintos artículos vinculados con la travesía.
Entre los productos que ofrecen se encuentran gorras, llaveros y chapas de estilo vintage. Además, el viajero explicó que solicitó autorización a Audi Alemania para utilizar el logotipo de los cuatro anillos en el merchandising del proyecto. “Eso nos ayuda a seguir en ruta, a echar combustible, a alquilar”, explicó sobre los ingresos que obtienen con las ventas. De esa manera, el emprendimiento les permite afrontar parte de los gastos cotidianos y continuar avanzando hacia su objetivo.
La solidaridad de quienes se cruzan en el camino también cumple un papel importante. Según contó, durante el recorrido reciben invitaciones, ayuda para conseguir alojamiento y propuestas para participar en diferentes encuentros.
“Este tipo de auto lo que genera es una empatía, una simpatía natural, digamos. La gente se nos acerca constantemente, nos invitan, mucha gente nos comparte algún alojamiento, nos invitan a los eventos”, relató.
A 70 kilómetros por hora hacia Australia
La travesía está pensada para desarrollarse sin apuros. Por las características y la antigüedad del automóvil, la pareja decidió avanzar a una velocidad moderada, de entre 70 y 80 kilómetros por hora
“Con este auto se avanza lento, viajamos a 70, 80 kilómetros por hora por una cuestión de respeto al auto, porque un auto que tiene 61 años, tiene mi edad”, explicó Abasolo.
La precaución responde tanto al cuidado mecánico como a la seguridad durante el recorrido. El viajero indicó que esa velocidad les permite reaccionar ante posibles inconvenientes y evitar exigir demasiado al motor.
A eso se suman las paradas, los descansos y las eventuales reparaciones que puedan surgir en el camino. Por ese motivo, estimó que completar los aproximadamente 160.000 kilómetros previstos les demandará una década.
Para Abasolo, el atractivo está precisamente en el desafío de realizar la travesía con ese vehículo y no con una alternativa más moderna. “Yo lo podría haber hecho en una motorhome, una Ducato, en una lo que fuere. Lo que disfruto es el desafío de poder dar la vuelta al mundo con este auto que nadie lo hizo”, sostuvo.
Un proyecto para unir personas y continentes

El nombre elegido para la iniciativa también refleja el sentido que la pareja quiere darle a la experiencia. Proyecto Unión DKW busca generar vínculos a partir del automóvil y de los encuentros que surgen durante el viaje.
“Se trata de unir ciudades, de unir personas y de unir continentes, pero sobre todo de unir voluntades. Por eso se llama Proyecto Unión”, explicó.
Abasolo contó que ya recibieron invitaciones y muestras de acompañamiento de grupos vinculados con la marca en Brasil, México y Nueva Zelanda. La comunidad de aficionados a estos vehículos, presentes en distintos países, se convirtió en una red de apoyo que puede resultar fundamental para una travesía de semejante magnitud.
La pareja también documenta sus experiencias y las comparte en redes sociales. El proyecto tiene presencia en TikTok, Instagram, YouTube y Facebook, además de una página web donde publican novedades, videos y anécdotas del recorrido.
Paso por Concordia
Su paso por Concordia se dio este domingo en el marco de la exposición “Lo Viejo Funciona”, un espacio en el que pudieron mostrar el automóvil y contar la historia detrás de una aventura que recién comienza.
Consultado sobre qué extraña de El Bolsón, Abasolo no dudó en mencionar a sus hijos. Más allá de esa ausencia, aseguró que disfruta descubrir nuevos paisajes, conocer personas y acercarse a distintas culturas.
Con Brasil como primera escala y Australia como horizonte, el viaje de Carlos y Soledad avanza al ritmo de un automóvil que lleva seis décadas de historia y una nueva misión por delante; demostrar que, a veces, los sueños no necesitan velocidad, sino tiempo, voluntad y ganas de seguir camino.
