Ocurrido en Concordia: propietarios fueron echados de su propio campo a gomerazos y hachazos
El violento episodio ocurrió en un predio de la zona de La Bianca conocido como Playa Los Tomates. Romina Sorokin denunció amenazas, usurpación y agresiones con piedras, gomeras y un machete mientras intentaba derribar una antigua casona. La familia reclama la intervención de la Justicia para recuperar la propiedad.
Un grave episodio de violencia se registró días atrás en un campo de la zona de La Bianca, en Concordia, lindero al río Uruguay y conocido como Playa Los Tomates, donde una familia propietaria asegura haber sido obligada a retirarse del lugar luego de ser atacada con piedras, gomeras y un machete.
Romina Sorokin, integrante de la familia propietaria del predio, relató a 7Páginas que el hecho ocurrió el viernes por la mañana, cuando junto a familiares y una máquina contratada intentaban comenzar los trabajos para derribar una antigua casona de hormigón ubicada dentro del campo.
Según explicó, la estructura de dos plantas se encuentra deteriorada y representa un peligro, ya que incluso un árbol de grandes dimensiones tiene sus raíces expuestas y amenaza con caer sobre la construcción.
“Nosotros el campo no lo podemos usar para nada. Las veces que hemos querido ir a pasar un rato, llevar a nuestros hijos de pesca o lo que fuere, siempre tenemos algún altercado con alguien que aparece por la costa”, relató.
“Nos empezaron a atacar con gomeras y piedras”
Sorokin contó que, debido al estado de la casona, la familia decidió finalmente contratar una máquina para derribarla. Sin embargo, apenas comenzaron los trabajos, se presentó un hombre a caballo que les preguntó de manera prepotente qué estaban haciendo.
“Le informé que esto era propiedad privada y le pedí por favor que se retire”, señaló.
Pero, según su relato, pocos minutos después comenzaron a llegar más personas al lugar: algunas en un carro, otras a caballo y en moto.
“Se puso bastante tenso el ambiente. Volví a repetirles que era propiedad privada y que les pedía que se retiraran, y nos empezaron a atacar con gomeras, con piedras y con un machete enorme”, afirmó.
La situación habría escalado rápidamente. Sorokin aseguró que uno de los hombres se aproximó montado a caballo y pasó un machete muy cerca de su rostro.
“Se me acerca demasiado y me pasa con el machete cerca de la cara. Yo me inclino para atrás. Ahí dijimos que no íbamos a poner en riesgo ni al maquinista ni a mi familia y nos echaron”, relató.
Ante la gravedad de la situación, la mujer manifestó que solicitó asistencia policial, pero que en ese momento el móvil no se encontraba disponible y se necesitaba una camioneta para poder ingresar al campo. También aseguró que pidió asistencia a Prefectura Naval.
Finalmente, la familia decidió retirarse sin poder completar los trabajos previstos.
Una propiedad que, según la familia, es escenario de conflictos desde hace años
Sorokin sostuvo que la situación no es nueva y que el predio viene siendo escenario de distintos conflictos desde hace años.
En ese sentido, mencionó que Playa Los Tomates aparece frecuentemente vinculada a procedimientos de Prefectura relacionados con presuntas actividades de contrabando.
“Es una playa que a cada rato sale en los medios. Nosotros, como dueños, somos titulares de dominio solamente para pagar impuestos. Esa es la realidad”, expresó.
Recordó además que su padre, fallecido hace dos años, había realizado durante mucho tiempo denuncias vinculadas con la situación del lugar.
Según relató, antiguamente existía un mecanismo mediante el cual las personas que querían ingresar a pescar solicitaban autorización a su padre, quien les extendía un permiso y permitía el acceso al predio.
“Fallecido Roberto y mi padre, desapareció también esa modalidad para evitar este tipo de conflictos. Pero realmente es un flagelo para nosotros que no se acaba más, porque sacás de un lado y se te meten por el otro”, sostuvo.
Denuncia por amenazas y usurpación
Tras el violento episodio, Sorokin aseguró que se presentó junto a su hermana y otros familiares en la Comisaría Sexta, donde realizó la denuncia correspondiente.
Posteriormente, y luego del fin de semana largo, se presentó ante la Fiscalía para ampliar la denuncia.
“Fui a Fiscalía para hacer una ampliación justamente por todo este tema, por amenazas con armas blancas y por usurpación. Estamos a la espera de ver cómo se expide la Justicia”, explicó.
La mujer remarcó que no se trató solamente de una discusión, sino de una situación que generó temor entre los integrantes de la familia.
“Eran gomerazos de todos lados. Desde atrás, donde hay como un bosquecito, aparecían piedras. Sinceramente sentimos temor y nos tuvimos que retirar nosotros, los dueños propietarios, por gente desconocida”, describió.
Reclaman recuperar el campo
Sorokin manifestó que la familia no pretende dejar la situación sin respuesta y que espera poder retomar los trabajos para derribar la estructura deteriorada y recuperar plenamente la propiedad.
“Yo no voy a dejarlo así. Esa propiedad necesita sí o sí ser derribada y yo necesito, como propietaria, recuperar mi tierra. No quiero que haya ningún personaje desconocido dentro del predio nuestro”, afirmó.
También expresó preocupación por lo ocurrido en un campo lindero, perteneciente a la familia Giampaolo, donde desde hace años existe un conflicto relacionado con ocupaciones.
“Es lindero. Espero que no nos pase lo mismo”, manifestó.
Ante la posibilidad de que el conflicto pueda profundizarse, Sorokin reclamó el acompañamiento de la Justicia y de la comunidad.
“Espero tener el acompañamiento de la Justicia y de toda la sociedad de Concordia. Creo que en este caso nos tenemos que involucrar todos y no hacer caso omiso ni mirar para el costado”, sostuvo.
Finalmente, reiteró que el objetivo de la familia es recuperar el predio y poder finalizar los trabajos sobre la antigua casona, a la que calificó como una estructura peligrosa por el estado en que se encuentra.
“Como dueños tenemos todo el derecho del mundo a tomar las decisiones de qué hacer o dejar de hacer sobre una propiedad nuestra”, concluyó.
