DEPORTES

Betsabé Páez volvió al salto en alto, logró su mejor marca y clasificó a los Juegos Suramericanos

Betsabé Páez regresó al salto en alto tras superar una grave infección, varias cirugías y el riesgo de perder una pierna. La entrerriana alcanzó 1,86 metros, la mejor marca de su carrera, y se clasificó a los Juegos Suramericanos.

Betsabé Páez volvió al salto en alto después de atravesar una de las etapas más difíciles de su vida y alcanzó 1,86 metros, la mejor marca de su trayectoria deportiva. El registro le permitió superar la mínima exigida y clasificarse a los Juegos Suramericanos, previstos para septiembre.

La atleta oriunda de Crespo había permanecido alejada del alto rendimiento durante varios años, luego de una lesión que derivó en distintas intervenciones quirúrgicas, una infección intrahospitalaria, septicemia y el riesgo concreto de que los médicos tuvieran que amputarle una pierna.

“Salté mi mejor marca histórica, 1,86. Es el récord de toda mi vida y no lo puedo creer”, expresó Páez durante una entrevista con «El Once Deportivo», que se emite por Elonce Radio & Streaming FM 98.7. La marca mínima para acceder a los Juegos Suramericanos era de 1,79 metros.

Páez comenzó atletismo a los 11 años e integró selecciones nacionales desde las categorías juveniles. Durante su carrera participó de campeonatos sudamericanos, panamericanos, mundiales y de los Juegos Olímpicos de la Juventud.

En 2020, mientras competía en un torneo que otorgaba puntos para los Juegos Olímpicos de Tokio, sufrió la rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla correspondiente a su pierna de pique y también se lesionó los ligamentos del tobillo.

A pesar del dolor, decidió continuar en competencia mediante vendajes. La atleta reconoció que esa determinación estuvo relacionada con la exigencia del alto rendimiento y con su deseo de representar al país, aunque posteriormente debió someterse a una cirugía de reconstrucción.

La intervención se realizó durante la pandemia. Como las restricciones impedían una rehabilitación presencial normal, el seguimiento se efectuó de manera virtual y la pierna no recuperó correctamente su movilidad.

Páez tuvo que ser operada nuevamente para corregir las secuelas de la primera rehabilitación. Durante ese procedimiento quedó un pequeño fragmento metálico debajo de la rótula, que fue detectado luego de que comenzara a sufrir bloqueos al caminar y correr.

La tercera cirugía tenía como objetivo retirar ese material y estaba considerada como un procedimiento sencillo. Sin embargo, la atleta contrajo una bacteria intrahospitalaria y también se contagió de COVID-19.

“Fue grave, muy grave”, relató. A las pocas horas de abandonar el quirófano comenzó a sentir un dolor intenso, fiebre y descompensaciones. Los primeros estudios evaluaron la posibilidad de una trombosis, pero posteriormente los médicos confirmaron que padecía una infección generalizada.

Páez fue intervenida de urgencia para controlar la septicemia. Una vez que su vida dejó de estar en peligro, el objetivo médico pasó a ser conservar la pierna afectada, debido a que la infección no respondía de manera inmediata.

Los profesionales realizaron sucesivas limpiezas quirúrgicas y aplicaron antibióticos de alta complejidad. La atleta permaneció internada, primero en un centro privado de Rosario y luego en el Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria.

Durante ese período atravesó una situación económica difícil porque había quedado sin cobertura médica. Además, debió permanecer aislada por el COVID-19, sin contacto con su familia y rodeada de pacientes que presentaban cuadros graves.

“Fue traumático, no solo a nivel físico, sino también emocional, por el miedo, el dolor y la cantidad de medicación”, recordó. Tras un mes y medio recibió el alta y regresó a Entre Ríos, aunque pocos días después volvió a presentar signos de infección.

La deportista fue atendida nuevamente y los médicos advirtieron que la amputación era una posibilidad concreta. Finalmente consiguió una cama en el Hospital San Martín de Paraná, donde fue intervenida y permaneció internada durante otras dos semanas.

Durante los años siguientes, Páez descartó inicialmente la posibilidad de regresar al alto rendimiento. Su prioridad fue recuperar la movilidad, evitar nuevas cirugías y reconstruir su vida luego de una experiencia que la había marcado física y emocionalmente.

En ese período también fue madre de Federica y continuó vinculada con el ámbito educativo y deportivo. La maternidad retrasó aún más el retorno a la competencia, aunque no eliminó por completo su deseo de volver a saltar.

A comienzos de este año decidió retomar los entrenamientos. Su objetivo inicial fue comprobar si podía competir nuevamente y evaluar si existían posibilidades de clasificarse a los Juegos Suramericanos.

“Siempre fui muy soñadora y de no tener muchos límites en cuanto a mis sueños”, afirmó. En su primera competencia, disputada en Venado Tuerto, superó los 1,74 metros y quedó al frente del ranking argentino.

Semanas después, Páez volvió a competir y alcanzó 1,86 metros. El resultado no solo representó su mejor registro desde el regreso, sino también la marca más alta de toda su carrera.

El salto le permitió superar por siete centímetros la mínima clasificatoria para los Juegos Suramericanos, que se desarrollarán entre el 12 y el 26 de septiembre. La atleta tendrá ahora la posibilidad de volver a representar al país en una competencia internacional.

Páez agradeció especialmente a los vecinos de Crespo que organizaron colectas durante sus internaciones, a su familia y a su entrenador, de 93 años, quien continuó acompañándola en los torneos pese a movilizarse en silla de ruedas.

La clasificación cerró un recorrido atravesado por operaciones, dolor, incertidumbre y años de recuperación. Su regreso al salto en alto no significó solamente una vuelta deportiva: marcó la recuperación de un proyecto de vida que, durante mucho tiempo, pareció imposible.

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